El dilema del mediocentro

Uno de los quebraderos de cabeza en el periodo previo a la liga y en el de confección de la plantilla ha sido sin duda el refuerzo de las posiciones de la medular. Los principales baluartes de la pasada campaña, Édgar y Tejera, dejaron sus camisetas azules para cambiar de aires. El espigado centrocampista retornaba a su club de origen, el Betis, mientras que el capitán del equipo en su última etapa viajaba hasta Cartagena para hacerse importante en el Efesé.

Los recambios han tardado en aparecer en una de las zonas más demandadas en el mercado, junto al siempre imposible reto de hacerse con el mejor delantero con gol posible. La desvinculación de Luismi del Elche ha sido tan larga como un capítulo de serie en «prime time», mientras que el rayista Montiel aterrizó en Oviedo fuera de forma. El resto ya se sabe, Jimmy y Mier como titulares. Dos chicos de la casa que no apuntaban ni siquiera a minutaje la temporada pasada. Jimmy peleó como siempre por hacerse con un puesto en el recta final. Su entrega es indiscutible, su mejora en la parcela posicional ha sufrido también una transformación positiva, pero necesita un escudero experimentado para ayudarle a llevar el peso.

Javi Mier es una de las esperanzas del Requexón. La necesidad le convirtió el agosto pasado en titular inesperado, y el canterano respondió con buenas actuaciones y sensaciones de futbolista de verdad. Partió de posición más adelantada de la habitual, y Ziganda le fue moviendo a conveniencia en función de las situaciones de cada partido.

Y ante la falta de efectivos, pues los dos han arrancado en el 11. El tremendo esfuerzo del debut frente al Lugo pasó factura al final del partido, y la falta de fuerza condenó al Oviedo a un empate que supo a muy poco. En Almería Jimmy y Mier lucharon ante un centro del campo fuerte y con experiencia, que le ganó los duelos en la mayor parte del encuentro. Involucrados en la mala suerte de los dos errores cruciales, han demostrado que tienen fortaleza mental para sobrellevar los golpes.

Seguramente si se hubiese logrado mantener el marcador favorable en el primer partido estaríamos hablando de otra cosa, pero la realidad del fútbol es tozuda y tiene memoria. Y el Oviedo necesita héroes locales que pinten de azul los sueños de los aficionados.

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